Modelos FAMOSOS


Deep Purple


Durante media década (1970-76), Deep Purple representó lo mejor y lo peor que pueda ser una gran banda de rock.
Mark II contaba con cinco músicos tremendamente competitivos.

Lo bueno: músicos superdotados ofreciendo discos memorables, conciertos históricos, música excitante en constante ebullición; lo malo: músicos superdotados, si, pero henchidos de ego, peleados, prepotentes en su idea de que todo lo que hacen lo hacen bien, víctimas del estrés de la carretera, el estrellato, las drogas. De aquellos años salieron obras maestras como In rock (1970), Made in Japan (1972) o Burn (1974), y explosionaron los talentos de Ritchie Blackmore (guitarra), Jon Lord (teclados) o Glenn Hughes (bajista), pero al paso de los años, la banda fue víctima de su propia grandeza y acabó metida en el agujero negro de los dinosaurios del rock, sirviendo como munición de rabia y odio de los punks en los segunda mitad de los setenta. Se les quiso en 1970, se les odió en el 77, y entre medio una carrera que cimentó las bases del posterior heavy metal y metal progresivo.

La nave púrpura no levantará el vuelo hasta 1970, después de haber editado dos álbumes (Shades of Deep Purple, de 1968, y Book of Taliesyn, del 69) con una formación diferente a la clásica, y un solo single de éxito, Hush. En 1970 todo empieza, por entonces Deep Purple consigue reunir a su formación más estable, el famoso Mark II en el que vamos a centrarnos en este reportaje (denominación que alude a la segunda formación de la historia de la banda, posteriormente habrían Mark III, Mark IV etc., una nueva a cada entrada o salida de un miembro el grupo): Ian Gillan (voz), Ritchie Blackmore (guitarra), Roger Glover (bajo), Jon Lord (teclados) y Ian Paice (batería). Enseguida se edita el experimento "rock + orquesta sinfónica" Concerto for Group & Orchestra y poco después sale al mercado In rock, que borra de un plumazo todo lo anterior y machaca al oyente con un rock duro sucio, instantáneo a la vez que experimental, con las señas de identidad del grupo: la guitarra de Blackmore en la cima de la pirámide, el carnoso y sinfónico órgano de Lord a un extremo, y la salvaje voz de Gillan al otro, en medio la mezcla sonora de un batería aguerrido e inagotable y un bajista serio y constante. Este Mark II contaba con cinco músicos tremendamente competitivos, y como en el caso de los Who, capaces de ser solistas cada uno por su lado, a la vez que no dejan de formar parte de un conjunto perfectamente armado.

Fireball (1971), no incluye temas de la catadura histórica del Child in time o el Speed King del anterior disco, pero si ejemplifica la valentía con la que Deep Purple afrontaba su explosión como banda: de la furia de In rock a la experimentación de este Fireball en cuestión de meses. Psicodelias como The Mule, country en Anyone´s daughter y rock n´roll para mentes abiertas en Demon´s eye, sin olvidar un single editado en paralelo, el adictivo Strange kind of woman. Fireball es sin duda una agrupación de canciones a reivindicar.

Durante 1972 la actividad no cesa. El grupo viaja a Suiza para grabar su obra más recordada, Machine Head, el disco de Smoke on the water, quién sabe si el riff más tocado de la historia del rock. Un Lp creado en escasísimos días al estilo, como era normal para ellos en aquellos días. Las jams se sucedían en el estudio alpino y las ideas para futuras canciones iban goteando fruto de la espontaneidad y la pericia de los músicos. Además de la oda al incendio del teatro de Montreaux de Smoke on the Water, encontramos en Machine Head piezas decisivas en el futuro repertorio de la banda (Lazy, la atómica Space Truckin´, Highway Star), y otras menos conocidas pero igualmente gratificantes: Maybe I´m a Leo, Never before, o una cara B de single que no llegó a superar el corte para estar en el álbum, una recomendación personal del que esto escribe: la maravillosa When a blind man cries, con un Gillan memorable y un tempo instrumental lleno de contenido dramatismo.

El mismo 1972, la banda conjura su éxito masivo con un tour en Japón, donde tienen previsto grabar lo que será Made in Japan, el disco en directo más popular de la historia del rock. Por aquel entonces, auque sufrieran de un considerable estrés (giras inhumanas, excesos de la carretera), estos músicos estaban en el culmen de su poder expresivo, y Made in Japan así lo muestra desde los primeros segundos de la primera pista: un órgano juguetón que empieza a encender los motores, una guitarra que despierta a la llamada enfurecida, tremendos golpes de batería marcando el paso como si un trailer gigantesco se nos acercara por la autopista, empieza la carrera, aumenta la velocidad, sigue y sigue hasta un seco corte de la guitarra de Blackmore "Pam, paaaaam", y Gillan que aúlla el primer verso como solo él es capaz de hacerlo: "Nobody´s gonna take my car, I´m gonna race it to the ground"; es Highway star, el tradicional rocker de apertura del Mark II. A lo largo del disco, canciones como The Mule, Lazy o la nuclear toma de Space Truckin´ suenan como obras nuevas, explosivas reinterpretaciones de las versiones en estudio, con los músicos brillando, alardeando de su poder allá arriba, prepotentes y excitantes. Made in Japan es la prueba de que la esencia de Deep Purple está en el escenario, donde Blackmore, Lord y los demás manejan las estructuras de las canciones a su antojo, de forma dinámica, abierta y siempre distinta si les pillas en buena forma.

Deep Purple habían tocado el cielo con Made in Japan.

Cuando una banda escala su particular Everest, poco o nada queda por hacer como no sea bajar a reunirse con el gris mundo real. Y Deep Purple habían tocado el cielo con Made in Japan, por este motivo el disco siguiente, Who do we think we are (1973), aunque agradecido a los oídos del fan, sembraba dudas y, generalmente, aburría. Eran una banda grande, pero había pasado tan poco tiempo desde que no eran nadie que ahora estaban pagando la velocidad de los acontecimientos: un Gillan alcoholizado, los egos a flor de piel, el asqueo por un ritmo de vida inhumano. Había que dar un giro o cargarse al grupo. Y el desenlace no tardó en escribirse, sobre todo gracias a la facilidad de Ritchie Blackmore para deshacerse de cualquier compañero que le tocara las pelotas, así, Gillan y Roger Glover abandonan y entran en acción un jovencísimo David Coverdale como vocalista y el espectacular bajista-cantante Glenn Hughes. Una nueva etapa, Mark III, a mi parecer igual o más excitante que la anterior estaba empezando.

No supimos nada de la formación clásica Mark II de Depp Purple hasta que en 1984 sus componentes deciden meterse en el estudio –obra y gracia de un contrato millonario- para grabar su álbum de reunión, en lo que sería una de las primeras grandes reuniones de la historia del rock. El resultado fue un álbum más que digno, Perfect Strangers, con un sonido notablemente ochenteno pero con temas memorables: Knockin´on your back door, Perfect Strangers, Gypsy´s kiss… En directo, las cosas irían bastante bien si no fuera porque en muchas noches, Ian Gillan no estaba a la altura (recomiendo que os descarguéis un patético DVD en directo desde Paris. Odiareis a Gillan), con una voz que se había quedado al 50 % de su potencia, y una actitud a menudo más que ridícula. En 1987 editan The house of blue Light, disco sin carácter, más pop que el anterior, aunque en fin, reconozco que lo escucho más a menudo de lo que me atrevería a confesar. Poco después de editar el lamentable directo Nobody´s perfect, Ian Gillan vuelve a abandonar la nave, y el Mark II se rompe de nuevo.
Ritchie, convertido en sumo dictador, alquila los servicios de su último vocalista en Rainbow, Joe Lynn Turner y convierte a nuestra banda en una extraña criatura sin ninguna gracia, aburguesados y aburridos firmantes de un disco pop olvidado ya en los anales del tiempo.

En 1993, Blackmore y Gillan, los eternos rivales, deciden que el dinero lo cura (de nuevo) todo, y vuelven a la palestra con los deseasos Mark II, un nuevo y correcto disco (The Battle rages on) y un tour bastante decente (Blackmore entonado y Gillan sin hacer demasiado el penas). Como era de esperar, poco dura el montaje: Blackmore se harta y se larga al más puro estilo de Fernán Gómez y su "¡a la mierda!", dejando a la banda definitivamente groggy, pero acude rápidamente el guitar hero Joe Satriani para ayudarles a finalizar sus compromisos en directo. Salvados por poco.

Sorprendentemente, los últimos años de Deep Purple, sin ser ejemplares, han permitido que escuchemos buenos, digo, sorprendentes discos (Perpendicular, de 1996) y una actividad en directo bastante encomiable. Hoy por hoy, se han ganado el merecimiento de pasear el inmenso legado de aquel Mark II por todo el mundo. Mientras el cuerpo aguante, por supuesto.







Hoteles - Autos