Modelos FAMOSOS


Dire Straits


"Es como si el punk nunca hubiese existido".
El éxito de la banda fue evidente en los años que siguieron a su debut.

Lo decía Mark Knopfler, voz, guitarra y líder de Dire Straits, cuando la banda británica se embarcaba en su World tour de 1985, con un espectáculo ultra calculado, docenas de teclados y trucos sonoros de última tecnología, perfecta calidad sonora y perfecto profesionalismo. Si, lo menos punk que pudiera uno echarse a la cara.

Dire Straits nació cuando el rock acababa de verse pateado por la furia amateur del punk, y desde aquellos primeros pasos, la banda le dio la espalda a todo aquel incendio perpetrado por Sex Pistols, Ramones y compañía, apostando sus cartas al rock "de calidad", adulto, bien mesurado, sin sorpresas, plácido, muy tranquilito. Pero al contrario de lo que muchos pudieran pensar, lo mejor era que, si eras lo suficientemente desprejuiciado, de 1978 a 1984 no pasaba nada si te comprabas el London Calling de The Clash y luego te hacías con cualquier obra de Knopfler y los suyos. Todo era compatible, y a Dire Straits les quedaban unos cuantos años de bonanza antes de perder toda credibilidad.

Me gustaban Dire Straits, sus discos eran adictivos y el sonido tan limpio daba gusto de disfrutar. Ya desde su primer disco homónimo de 1978 se hacían escuchar por su agradable tempo y los arpegios tan de sofá, tan bonitos, de Mark Knopfler. Las canciones eran endebles armazones recubiertos de una instrumentación y savoir faire que las hacían probablemente mejores de lo que eran; temas normalitos como Sultans of swing tienen "un algo", como también lo tenían Water of love o Six blade knife.
El éxito de la banda fue evidente en los años que siguieron a su debut. Internamente, se veía muy claro que John Illsley (bajo), Hal Lindes (guitarra) o Alan Clark (teclados), algunos de los miembros más fijos que ha tenido la banda, no eran más que aplicados instrumentistas que poseían mayor o menor responsabilidad dependiendo del espacio libre que dejaba el líder Knopfler. El mundo se rendía al finísimo punch de la guitarra de Mark, se le comparaba con Clapton sin miedo a ganarte una colleja, y su imagen (vestuario english middle class, cinta deportiva en la cabeza, muñequeras y guitarra tocada sin púa) se transformaba en todo un icono rock.

Communiqué ambicionaba más cancha y mayores ventas que su predecesor Dire Straits, y en 1980 se edita Making Movies, esta vez con algunas irresistibles tonadas (Romeo and Juliet, Tunnel of Love, Solid Rock), en el que creo que es su disco más redondo. Os recomiendo que cada cierto tiempo recuperéis la extraordinaria intro de Tunnel of Love, un crescendo cien veces más vivo que todos los discos en solitario de Mark Knopfler.

Love over gold (1982) es el disco más "serio" de Dire Straits. Más que un conjunto de grandes canciones pop como Making movies, se trata de un ejercicio de estilo en el que los medios silencios, los claroscuros y la invariable paleta de colores de la guitarra se extienden cual chicle a lo largo de futuros clásicos como Telegraph road o Private Investigations. Incluso las normalmente mediocres letras de Mark tratan ahora de comunicar un poco más de lo habitual. Love over gold es el disco de una banda que ya lo tiene todo y trata de marcarse su propio límite creativo sin salirse de lo que es aceptable para sus fans. A partir de aquí, nada de la carrera de Dire Straits superará la marca de la pareja Making movies y Love over gold. Por lo que a mi respecta, todo lo que tenían que decir ya estaba dicho.

El directo Alchemy de 1984 es la rúbrica final a todo este periodo vital prácticamente perfecto. Un doble directo con agradecidas versiones de los grandes singles de la banda que finalmente serviría de aperitivo para el masivo nuevo álbum: Brothers in arms (1985).

En 1985, Dire Straits están en lo más alto, y su problema es que quieren estar a la altura de las expectativas.

Veamos, no es que Brothers in arms sea un mal disco, nada de eso, lo que ocurre es que a sus canciones les ves la etiqueta de éxito prefabricado ya de muy lejos. Love over gold no era un disco de singles, Brothers in arms si lo es, y además no aguanta nada bien el paso de los años. Making movies si que aguanta, Love over gold también.
En 1985, Dire Straits están en lo más alto, y su problema es que quieren estar a la altura de las expectativas, contentar a los fans y darle a la gente lo que quiere escuchar. Quizás por este motivo suenan más atados al tiempo histórico que nunca, y eso, hablando de los años ochenta, es un problema. Money for nothing me ponía la carne de gallina hace años, ahora la encuentro acartonada y hueca; Brothers in arms es más hueca todavía por cuanto quiere decir mucho pero acaba ahogada en su falta de sutileza, en sus efectismos, una canción mediocre sobre producida y engordada como una oca francesa; Walk of life puede ser entrañable, pero pasadas las escuchas su riff de teclado acaba siendo insoportable; del resto se salva algo aquí y allá, como por ejemplo el primer single del álbum, So far away, cuya falta de pretensiones la hace más apetecible que los mamotretos como The man´s too strong o Money for nothing.

A partir de la exitosa gira de Brothers in arms, Dire Straits se convertirían en una fábrica de hacer dinero (el recopilatorio Money for nothing para demostrarlo, un crack en ventas millonarias) y Mark Knopfler perdería toda relevancia creativa en el mundo de la música.
El guitarrista no resucitaría el grupo hasta 1991 con el olvidado On every street y canciones irritantes como Calling Elvis. Una nueva gira de dos años de duración (con un montón de conciertos en Barcelona) y un nuevo directo, On the night (1993) sanearía las cuentas corrientes de Mark y sus empleados, ajenos a la pobre imagen que dan encima del escenario: una banda falsa, ultra-perfeccionada, un Knopfler cansado y aburrido. Una música muerta.

Mark Knopfler ha trabajando paralelamente a su grupo en bandas sonoras (recordada es su guitarra en Local Hero, de 1983, y La princesa prometida), trabajo en estudio (decisivo su sonido en los discos de Bob Dylan Slow train coming, de 1979, e Infidels, de 1983, donde también produce), proyectos como The Notting Hillbillies y unos discos en solitario ideales para acompañar la siesta. Con muy buen criterio se ha dedicado a llenar plazas de toros en sus giras sin utilizar el nombre de Dire Straits, aunque ofrezca los mismo que estos: hits como Money for Nothing y Sultans of swing, y conciertos de aburrida perfección. Como siempre.

Varados para siempre en el primer lustro de los ochenta, Dire Straits tuvieron su tiempo histórico adecuado y su líder se esforzó en sembrar en aquellos pocos años unos frutos de los que todavía hoy sigue viviendo holgadamente. A eso se le llama hacer una buena inversión.







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